Una ráfaga fuerte avanzó, mezclándose con los sollozos de Bianca que resonaban en el aire.
Dave ya había cruzado más de la mitad del puente, sus ojos fijos en ella. Bianca estaba atada a una silla, sacudiendo la cabeza con desesperación.
—Por favor, no te acerques más, te lo ruego… —su voz se quebró de miedo, temblando como nunca antes.
Blake ya no era él mismo, su mente se había hundido en algo salvaje y retorcido.
El pecho de Bianca se apretó con terror. Imaginó una explosión repentina, la sangre cálida salpicándole el rostro.
—¡Blake, eres un monstruo! —gritó con los ojos llenos de lágrimas y furia—. Si él muere, jamás te lo perdonaré. Incluso muerta, te maldeciré.
Blake no se inmutó. Permanecía allí como si presenciara una obra macabra, una función que bien podría haberse titulado Valentía o Vida y Muerte.
Su mano se cernía sobre el control remoto, pero sus dedos no se movieron. Ni un solo botón fue presionado.
En la determinación temeraria de Dave, Blake vio fragmentos de su yo m