—El juego es simple. Cruza con vida y Bianca quedará libre. Pisa el azulejo equivocado y volará en pedazos, se acabó para ti —dijo Blake con una risa oscura—. ¿La explosión que acabas de ver? Solo fue una muestra, la carga más pequeña, apenas arañó el puente. Las demás serán mortales.
Cuando el humo se disipó, un agujero irregular marcaba la entrada del puente.
Bianca se quedó paralizada al sentir las sacudidas de las explosiones; el pánico le oprimía el pecho. Jamás imaginó que todo llegaría a ese punto. La sola idea de que Dave muriera por ella… prefería entregar su propia vida.
Las lágrimas corrieron por su rostro mientras gritaba, con la voz quebrada: —¡Dave, aléjate!
Su desesperado clamor se transmitió por el teléfono. Los ojos de Dave ardían con furia, fijos en el extremo opuesto del puente.
Sabía el peligro que corría, pero la visión de Bianca lo arrastraba hacia adelante como una fuerza imposible de resistir.
—¡No, no puedes ir! Ha perdido la razón, y cada paso puede estallar