Me desperté justo cuando el avión aterrizó.
Había tenido un sueño larguísimo. En él, me veía vestida de novia en un hotel, mientras mi madre me colocaba una horquilla de flores en el cabello, bajo la cálida luz del sol.
Pero, de repente, el hotel se transformaba en un hospital y mi madre yacía en una cama, sin vida.
Desperté empapada en sudor frío.
Alguien me ofreció una botella de agua.
—¿Se encuentra bien, señora?
Parpadeé, aturdida, y tardé unos segundos en regresar al presente.
—Sí, estoy bi