Han pasado ya treinta años completos desde aquella noche terrible, bajo una lluvia que parecía querer lavar hasta sus propias huellas, cuando el mundo les dio la espalda, cuando la injusticia parecía haber ganado para siempre y todo lo que tenían se desmoronaba a sus pies. Treinta años: más de diez mil noches y días, de caer y volver a levantarse, de secarse las lágrimas y seguir adelante, de aferrarse el uno al otro cuando no quedaba nada más, hasta transformar aquel dolor profundo y oscuro e