Durante la semana siguiente, Gabriel no regresó a la casa blanca. Lucía notó su ausencia, aunque no esperaba que apareciera. Había entendido lo que quiso decir aquella noche: entrar una vez porque ella necesitaba llegar hasta Valeria no significaba recuperar automáticamente el derecho de presentarse cuando quisiera. Así que volvió a sus propios asuntos y dejó que la familia hiciera lo mismo. Valeria, por su parte, convirtió un esguince leve en una guerra personal contra todos los que intentaban