—Ah, sí —dijo Lexi—. Expectativas. Por un momento, ambos se quedaron mirando su anillo.
—No pareces nada enfadado —aventuró a preguntar Lexi. Lo miró fijamente.
—Ni siquiera pareces un poco irritado, para serte sincero. Su mirada gris se cruzó con la de ella y no supo cómo pudo evitar estremecerse. —No estoy contento —dijo él.
Lexi exhaló. Pensó en su padre y en lo decepcionado que estaría de ella. Pero claro, todo se debía a su miedo. Y había dejado que ese miedo y su propio dolor la abrumaran