—Entonces hagamos las paces, Alejandro. Por favor —añadió Javier.
—Si eso hace feliz a Lucía, dejaré de pelear.
Por primera vez en mucho tiempo, sintió que podía respirar sin preocupaciones. —Me haría inmensamente feliz. Ya hay suficientes problemas para todos. Se levantó y se acercó a su hermano para abrazarlo. Sintió un gran alivio.
—No puedo creer que vaya a ser tío —murmuró Alejandro al oído de ella, abrazándola con fuerza, sin soltarla—. Lo que necesites —dijo Alejandro, dando un paso atrá