—Claro que sí, Sra. García. ¿Algo más?
¿Algo más? Quizás pedirle a la secretaria de Alejandro que le ponga un chorrito de bourbon en el café. —No, Carrie. Gracias.
Veinte minutos después, Lucía recibió la llamada. —El Sr. García puede verte ahora.
Caminó por el pasillo, fingiendo la seguridad que flaqueaba en su interior. Su relación con Alejandro había mejorado mucho desde que él le había confesado lo mucho que le había afectado la muerte de su padre, pero aún no tenía ni idea de cómo reaccion