Ella arqueó la espalda y se incorporó apoyándose en los codos, con la frente sobre las manos apretadas. «Más. No pares».
Él la besó por debajo y acarició el punto donde se concentraba su placer. Lucía se estremeció y gimió. Sincronizando el roce de su dedo con el deslizamiento de su miembro, los llevó a ambos al borde y se quedó allí suspendido. «¿Quieres venirte?».
Ella pronunció una palabra que, una vez más, destruyó su resolución. Javier soltó una risita, pero fue un sonido débil y entrecort