CAPÍTULO 54. La historia de los Rossi
Victoria abrió los ojos y arrugó la nariz, porque le dolía todo el cuerpo, pero en un segundo aquella voz la hizo sonreír.
—¿Estás bien, nena?
—¿Desde cuándo estás despierto? —murmuró acurrucándose más con su italiano.
—Creo que no dormí en toda la noche.
—¡Porque te la pasaste haciéndome el amor! —se rio ella—. Pero igual después tenías que cerrar esos ojos hermosos y descansar.
Franco la besó con suavidad y se obligó a levantarse.
—Tengo la cabeza demasiado ocupada, nena. No podría dormir ni