CAPÍTULO 47. Lo que quede de él...
El rostro de Luciano se había convertido en una máscara de furia y tensión. Había esperado que funcionara el maldit0 ataque, los Rossi habían destinado innumerables recursos después de todo a acabar de una vez por todas con Franco Garibaldi.
—¿Se te olvidó cuál es el castigo por traicionar a esta familia? —murmuró el Conte con el semblante ensombrecido.
—¡Yo no sé de qué hablas! —gritó Luciano—. ¡Yo jamás he traicionado a la organización! ¡Yo soy un Aiello, no puedes juzgarme sin pruebas…!
—¿¡Y