CAPÍTULO 16. Te perdono
Victoria rastrilló la pistola como Amira le había enseñado. Era un arma pequeña y manejable para ella, pero mataba exactamente igual que una grande. Sin embargo el esfuerzo, repetido más de diez veces, la hizo inclinarse hacia adelante, sosteniéndose la herida sobre el abdomen.
—¡Hey, hey… no puedes estar haciendo esto! —escuchó una voz tras ella y sintió el cuerpo de Franco pegarse a su espalda sosteniéndola. Le quitó el arma para dejarla sobre la mesa y pasó un brazo a su alrededor para suje