CAPITULO 17. Mientras haya honor en tu corazón…
Victoria se miró aquel vestido inmaculado, con sus encajes finos y su pedrería. Debía haber costado una pequeña fortuna, y aun así ella no lograba encontrarle lo hermoso. Dentro de todo era sencillo, lo había pedido sin grandes vuelos ni colas, no era excesivo ni espectacular, solo discreto y muy elegante.
Se tocó durante un brave segundo la faja apretada que llevaba debajo, sobre la herida, y la ajustó bien para que no se notara.
Debían ser las seis de la tarde más o menos cuando los pocos inv