Su rostro así como su cuerpo estaba cubierto, no había manera de saber su identidad. Cargaba consigo un fusil de asalto haciéndolo ver más intimidante.
_Así que estaba buscando una ratita roja. -me miró de arriba hacia abajo -no pareces una empleada de aquí.
El ataque sorpresa que pensaba darle no tuvo cabida puesto que el hombre me vió en cuanto entró, pero decidí ocultar la cuchilla. No quería que supiera que estaba armada.
_Habla- apuntó a mi frente.
_Es cierto, no soy una empleada.