Una vez más comenzó a moverse consumido por sus deseos perforandome sin saciedad, Los sonidos producidos no podían ser más vulgares y el olor que desprendía la unión de nuestros cuerpos llenaba la habitación. La sensibilidad estaba a tope y cada movimiento era un cosquilleo que hacía querer retorcerme. Sus ojos seguían el rebote de mis pechos que producía cada embestida, y no soportandolo más se apresuró a tomarlos con su boca. Su lengua se retorcía alrededor de mi pezón frotándolo en círculos