El resplandor del fuego en la chimenea de piedra se refleja en las facetas del rubí, creando destellos carmesíes que bailan sobre mi piel. Estoy sentada entre las piernas de Lucien, apoyando mi espalda contra su pecho firme mientras una manta de lana suave nos cubre a ambos, protegiéndonos de la brisa del jardín. En una mano sostengo una copa de champaña, cuyas burbujas cosquillean en mi garganta, pero nada es tan efervescente como la sensación de su brazo rodeando mi cintura, reclamándome.
—Sa