Roman se giró de inmediato para mirarla.
Sus ojos seguían cerrados, su respiración lenta y constante. Tal vez estaba hablando en sueños. El pensamiento hizo que algo cálido parpadeara en su pecho.
No pudo contener la suave y desamparada risa que escapó de él.
—¿De verdad me estás preguntando eso ahora? —murmuró, divertido.
Su humor mejoró ligeramente a pesar del agotamiento y el peso en su pecho.
—¿Aún te aferras a esa pregunta después de todo esto?
Le pareció adorable. Rozó con el pulgar suave