Maya respondió al mensaje de Evelyn al instante, rebosante de confianza y suficiencia. «Ven a la casa. Siempre estoy aquí ahora. No puedo salir por mi popularidad».
Evelyn había jurado no volver a poner un pie en la mansión Hayes, pero esto era diferente… y necesario. Respirando hondo, regresó al lugar que le había causado tanto dolor.
Encontró a Maya recostada en su lujoso dormitorio, vestida con ropa cómoda cara y holgada. Su mano descansaba posesivamente sobre la pequeña curva visible de su