Mundo de ficçãoIniciar sessãoEl chirrido de los frenos rasgó el aire. El coche negro se detuvo a escasos centímetros del cuerpo de Lira.
Lira yacía tendida sobre el asfalto mojado. La lluvia ahogaba su voz, pero el dolor en su vientre era implacable. La puerta del coche se abrió. Tres sombras oscuras emergieron. Eran altos. Corpulentos. Su aura de Alfa era asfixiante, mucho más fuerte que la de Evan. Triplicada. Los tres hermanos Alfa: Kael, Rhys y Jace. De manadas distintas, pero de la misma sangre. —Maldita sea —murmuró Kael, acercándose. Sus facciones eran afiladas y llevaba piercings plateados—. Por poco. Rhys se agachó, con sus ojos helados recorriendo a Lira. Le tocó el brazo con suavidad. —Está herida. Jace, el más calmado de los tres, cerró la puerta del coche. Su mirada ardía con un fuego oculto. —¿Qué es ese olor? Lira intentó apartarse, arrastrándose sobre el asfalto. La vergüenza y el miedo se enroscaban con fuerza en su interior. —No me toquen —susurró, apenas audible. Rhys retiró la mano. Los tres se inclinaron un poco, aspirando el aroma de Lira. Era extraño. Olía a tristeza, a tierra mojada y a sangre. Pero lo más extraño: no había lobo. —No tiene lobo —dijo Kael, con desdén en la voz. Detestaba la debilidad. —Espera —replicó Rhys—. Hay algo más. Muy tenue. ¿Un olor de Alfa? Jace inhaló profunda y lentamente, cerrando los ojos mientras intentaba descifrarlo. El aroma era desconcertante, como una flor floreciendo entre ruinas. —No es una sin lobo cualquiera —concluyó Jace, con voz grave y segura. Percibía un vínculo roto flotando en el aire. Lira se impulsó para ponerse de pie. Su orgullo valía más que su ayuda. No necesitaba que otro Alfa la mirara como si fuera una desgracia. —Estoy bien —dijo Lira, con la voz más firme, aunque las piernas casi no la sostenían. Kael soltó una risa burlona. —Te desplomas en medio de la carretera bajo la lluvia y estás bien. —Te llevaremos a una clínica —ofreció Rhys con tono más suave. Había notado la sangre manchando su ropa. Lira negó con fuerza. Sus ojos se clavaron en los de Rhys. —¡He dicho que no me toquen! Los tres se quedaron inmóviles. El fuego en sus ojos no coincidía con la fragilidad de su cuerpo. —Solo intentamos ayudar —dijo Jace, avanzando un paso. Era el más intuitivo. Lira retrocedió. Los recuerdos de Evan —su rechazo, la humillación de Mira— le revolvieron el estómago. Todos eran iguales. Arrogantes. Crueles. Solo valoraban la fuerza del lobo. —No soy asunto de ustedes —dijo con dureza—. Váyanse. Se dio la vuelta y comenzó a alejarse, tambaleándose. Su cuerpo se rebelaba. Cada paso era agonía. Tenía que irse. Antes de que percibieran el olor de la vida que crecía dentro de ella. Kael apoyó una mano en el hombro de Rhys. —Déjala. O está loca o huye de su manada. No es nuestro problema. Rhys no se movió. Sus ojos seguían la figura de Lira alejándose. Una extraña preocupación le roía por dentro. —Está embarazada —murmuró. Había alcanzado a notar la leve curva de su vientre. Kael y Jace se tensaron al instante. —Un hijo de Alfa —añadió Jace, confirmando lo que Rhys había sentido—. Pero… sin lobo. Era una contradicción extraña. Una paradoja biológica. —Esto es problemático —dijo Kael con gravedad—. Una cría de lobo sin madre loba. Un defecto. Lira siguió caminando, obligándose a avanzar. El dolor ya se extendía hacia su espalda. No puedo desmayarme. No ahora. Pensó en el rostro enfermizo de su madre. Necesitaba conseguir dinero. Medicinas. Cuidados intensivos. Evan ya no la ayudaría. Lira apretó con fuerza su bolsa. Dentro estaba el resultado del análisis. Su último rastro de esperanza. Detrás de ella, los tres Alfas permanecían bajo la lluvia. —Deberíamos reportarlo —dijo Kael—. Podría ser una amenaza para cualquier manada. —No —interrumpió Jace con firmeza. Jace volvió a cerrar los ojos. Sentía algo más. Un tirón, como un hilo invisible que lo jalara. Era la vaga sensación de un vínculo. Frágil. Dañado. No era un vínculo de pareja. Pero era fuerte. Lo unía a la mujer sin lobo que acababa de alejarse. —¿Qué ocurre, Jace? —preguntó Rhys, notando la rara confusión en el rostro de su hermano. Jace negó con la cabeza, frunciendo el ceño. Abrió los ojos y su mirada siguió la silueta de Lira desvaneciéndose sobre el asfalto mojado. —No lo sé —admitió, con voz tensa. Sentía a su lobo gemir en su interior. Una sensación que jamás había experimentado. —Ella… —susurró Jace, con la lluvia escurriéndose por su rostro— no es una sin lobo común. Su lobo temblaba. El Alfa en su interior respondía a la debilidad y al dolor de Lira. —Siento un vínculo —murmuró—. Débil. Roto. Pero está ahí. Kael y Rhys intercambiaron miradas. Era imposible. Un vínculo solo podía formarse entre compañeros destinados. Lira ya había desaparecido, absorbida por la oscuridad de la lluvia. Jace dio un paso adelante, con la mirada fija en la carretera vacía. —Tengo que encontrarla —dijo. No era una petición. Era una necesidad instintiva. Rhys y Kael permanecieron en silencio, observando cómo su hermano era dominado por un impulso salvaje. ¿Un vínculo con una sin lobo? Una locura. Imposible.






