Lira se detuvo en el umbral. La respiración se le quedó atrapada en la garganta, como si el aire de pronto se hubiera vuelto escaso en la cima de una montaña. La noticia urgente que traía consigo se le arrancó de la lengua y quedó sin pronunciar.Su corazón latía con fuerza, no por haber corrido, sino por el brutal golpe que acababa de presenciar.Frente a ella, en la sala del Alfa, estaba Evan —su compañero de cuatro años— con los brazos firmemente rodeando a Mira, su rival.La mano de Evan reposaba posesivamente en la cintura de Mira. Mira alzó el rostro, tan cerca del mentón de Evan que casi lo tocaba. El espacio entre ellos no existía. Íntimo. Repugnante.—¿Evan? —la voz de Lira se quebró como vidrio.Los fríos ojos azules de Evan se volvieron hacia ella, desprovistos de la calidez que ella alguna vez conoció. Su mirada la atravesó, desnudándola, como si Lira no fuera más que un parásito y no su compañera unida por el vínculo.Mira sonrió, con una mueca afilada y victoriosa. Apoyó
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