La asistente de George, una rubia un poco baja de estatura y muy bien vestida, con un traje de oficina color blanco de camisa magas tres cuartas y pantalón, zapatos del mismo color y tacones un poco altos, pidió entrar a la oficina de su jefe con un toque de su puerta. Prefería hacerlo de ese modo únicamente cuando estaba por realizarse una reunión de mucha importancia, que hacerlo presionando el botón del intercomunicador y hablarle a través del speaker.
Ya era dieciocho de enero, las 16:30 ho