Daniel dio instrucciones precisas para todo el mundo. Dejando a cargo el bar orginal a su asistente personal, decidió que era hora de retirarse un momento de toda la presión, hasta de la redes, prometiendo apagar su teléfono celular para cuando llegara a destino.
Su chofer ya le esperaba en una de las camionetas destinadas para su viaje, dos escoltas del nuevo equipo que contrató recientemente, vestidos todos de civiles, se mantenían alertas, uno en la puerta de su apartamento, otro en el lobby