Daniel saludó a la asistente de George con un asentimiento y una sonrisa de la que ella evitó arrugar el entrecejo por lo extraño que se sintió, sobre todo el último gesto.
—Acompáñenme por acá, por favor. —Ella abrió la sala de juntas, la cual se guardaba tras grandes puertas de madera barnizada y lujosas, presentando a los recién llegados para su jefe.
—Miller, ¡muchacho! —saludó el señor que acompañaba a Daniel, vestido de traje color gris plomo, corbata casi negra y llevando lentes de mont