BRENDA
CAPÍTULO 16
—Hemos llegado, señor.
La voz del chófer anunciando nuestra llegada a la gran y extravagante mansión de la familia Valente causó un estrepitoso sentimiento de temor acunándose en mi pequeño pecho, otro hombre en un traje elegante de pingüino nos abrió la puerta, ofreció su mano para ayudarme a salir, con la mano ligeramente temblando se la tomé, parecía que el hombre alto que sostenía mi mano había notado lo nerviosa que me encontraba, simplemente salí por completo del auto r