Después de comer, Oliver la llevó de regreso a Lomas de Provenza. Antes de que bajara del auto, la jaló de nuevo hacia él y le robó un beso; Alina lo empujó y se metió corriendo a la mansión. No sabía desde cuándo, pero Oliver se había vuelto un adicto a besarla.
No se controlaba para nada. A cualquier hora y en cualquier lugar, en cuanto le entraban las ganas, la jalaba hacia él y le plantaba un beso.
Alina ya no hallaba qué hacer. Se había resistido muchísimas veces sin ningún resultado; lo