Oliver llegó con un traje negro de discreto patrón damasco, las facciones marcadas y bien definidas, sin máscara. En cuanto puso un pie en el salón, todas las miradas se volvieron hacia él; muchos se acercaron a saludarlo y él se limitaba a responder con una leve inclinación de cabeza.
Alina no tenía idea de la influencia que Oliver llegaba a tener también en Estados Unidos.
Él inclinó la cabeza hacia ella:
—Caleb y yo tenemos algo que atender en un momento. No te alejes, quédate aquí en