Sami era joven, pero su metro ochenta de estatura y su postura imponente bastaban para hacerse respetar. Ante él, Lia retrocedió un paso por instinto, aunque su orgullo no le permitía rendirse del todo.
—¿A ti qué te importa lo que yo traiga con Nely?
—Nely está bajo mi protección. Te quiero ver intentar hacerle algo.
—Vaya, Nely, no te veía tan lista. Qué rápido te buscaste a tu patrocinador. Nada menos que el heredero Ruffo. Eres bien mañosa, ¿eh?
El rostro de Nely enrojeció de golpe.
—¡