El golpe en la puerta llegó de nuevo, más suave esta vez, pero aun así me atravesó como una chispa. Me quedé congelada en el taburete, con los dedos manchados de carboncillo, mirando el desastre de líneas en el papel que se negaban a convertirse en algo real. Mi corazón latía con fuerza contra mis costillas. Una parte de mí esperaba que simplemente se marchara. La parte más grande sabía que no lo haría.
—Lila. —La voz de Damien se filtró a través de la puerta, baja y teñida de algo que no supe