Sophia pasó la mayor parte de la mañana moviéndose por la finca como un fantasma dentro de su propia piel. El uniforme negro de criada se sentía más ajustado de lo habitual; cada roce de la tela contra su cuerpo marcado era un recordatorio de la noche anterior. Sus muslos aún llevaban huellas de dedos tenues. Su garganta se sentía en carne viva de tanto gritar. Pero no era solo el dolor físico lo que la seguía de habitación en habitación: era la quieta y aterradora realización de que estaba emp