Al día siguiente, Sophia realizó sus tareas en una constante niebla de excitación y dolor. Cada inclinación, cada estiramiento tiraba de las marcas que Victor y Damien le habían dejado en el cuerpo. Sus pezones aún estaban sensibles por las pinzas, su culo ligeramente moreteado, y su coño le dolía de la forma más deliciosa. Mantenía la mirada baja cada vez que Victor pasaba por los pasillos principales, pero Damien… Damien estaba en todas partes.
La encontró en la gran biblioteca del ala este a