Mia se quedó mirando el techo de su habitación de la infancia hasta que los primeros rayos grises del amanecer se colaron a través de las pesadas cortinas. Le había sido imposible dormir. Cada vez que cerraba los ojos, la foto granulosa ardía detrás de sus párpados: su cuerpo arqueado contra las estanterías de la biblioteca, la poderosa figura de Adrian dominándola, su mano envolviéndole el cuello con posesividad en medio de la pasión. El pie de foto “putita” se burlaba de ella con la letra vul