Mia cruzó las puertas de hierro de la mansión familiar justo antes del atardecer. Los cuidados jardines y la imponente mansión colonial no hicieron nada por calmar la ansiedad que le revolvía el estómago. Las dos horas de camino desde el campus le habían dado demasiado tiempo para ensayar sus mentiras, pero enfrentarse a sus padres era un campo de batalla completamente distinto.
Su padre, Richard Sinclair, era un poderoso promotor inmobiliario y uno de los mayores donantes de la universidad. Su