—¡Espera!!!!
Lucas se detuvo. Sus labios se curvaron en una sonrisa lenta y triunfante que le bajó un escalofrío por la columna a Mia. La rabia cruda de sus ojos se transformó en una oscura y hambrienta satisfacción mientras la veía quebrarse.
—Yo… acepto —susurró ella. Las palabras le quemaban como veneno en la lengua. Su voz apenas era audible, pero la derrota en ella era cristalina. La foto de ella y Adrian en la biblioteca no le dejaba otra opción. No si quería protegerlo.
—Esa es mi buena