El teléfono de Adrian seguía sonando insistentemente en la consola central, con el nombre de Elena Reyes brillando en la pantalla como una luz de advertencia. Mia todavía estaba a horcajadas sobre su regazo, con su polla ablandándose dentro de ella y sus fluidos combinados goteando lentamente entre ellos. La intimidad del momento se hizo añicos al instante.
—Maldición —murmuró Adrian, apretando la mano en la cadera de Mia. La levantó con suavidad, ayudándola a volver al asiento del pasajero ant