Los nudillos de Adrian se pusieron blancos sobre el volante mientras el video se reproducía en el teléfono de Mia. Aunque estaba en silencio, las imágenes eran condenatorias: Mia inclinada sobre la mesa de la cafetería, Lucas penetrándola desde atrás, su rostro una mezcla de vergüenza y placer no deseado. El clip era corto pero lo suficientemente explícito como para destruirlos a ambos.
—Apágalo —dijo Adrian, con voz peligrosamente baja.
Mia detuvo el video rápidamente, con lágrimas corriendo p