TURTELA
Nunca, en toda mi existencia dentro del castillo, había sentido un silencio como este. La incomodidad y la tensión eran palpables, todos lo sentían… pero nadie podía ponerle nombre.
Probablemente debería haberme quedado en mi habitación, sumergida en un baño caliente con una copa de vino, disfrutando de la privacidad.
Pero la curiosidad pudo más.
Y entonces la vi.
Serenia.
Sentada con total comodidad, como si fuera una invitada más después de la locura que había provocado. Como si perte