ISAIAS
En el momento en que la llamada de Hailey rozó mis pensamientos, lo sentí: el cambio en el aire. No había desesperación en su tono, ni pánico, sino determinación. Y eso me asustó más que cualquier campo de batalla.
Llegué al patio cuando la luna tallaba heridas plateadas en la piedra. Mis pasos vacilaron al encontrarme con su mirada.
Serenia.
La última vez que la había visto fue bajo otros cielos, cuando había perdido toda esperanza de tener una compañera. Cuando el destino me despertó,