HAILEY
El palacio estaba en silencio.
La luz de la luna se filtraba por la ventana de mi dormitorio, dibujando franjas plateadas sobre el suelo de mármol. El deber pesaba sobre mi pecho, más que las sábanas que me cubrían. Dormir se había convertido en un lujo fugaz, robado en breves intervalos entre crisis, pero esta noche el agotamiento finalmente me venció.
O eso creía.
Un cambio en el aire hizo que un escalofrío recorriera mi espalda. Mi loba se agitó, un gruñido bajó resonando en el fondo