ADRIAN
El olor de los lobos era abrumador, impregnando los árboles y el mismo aire que respiraba. Se sentía como si su presencia pesara y asfixiara, como si esta tierra solo les perteneciera a ellos, expulsando todo lo demás a su paso. Pero yo no había venido por ellos.
Había venido por ella.
Turtela.
El nombre mismo era un susurro en mis labios, un anhelo enterrado en lo más profundo de mi corazón inmortal. El vínculo que nos unía era antiguo, fuerte e irrompible, le gustara a ella o no. Era h