HAILEY
Ryan se incorporó de golpe en la cama, con sus ojos dorados ardiendo de pánico mientras mi grito atravesaba la habitación.
—¿Hailey? —dijo, con la voz afilada por la preocupación, ya moviéndose hacia mí.
En un instante estuvo a mi lado, sus manos sujetándome mientras yo me aferraba a mi vientre hinchado.
—Acabo de romper aguas —jadeé, temblando cuando otra contracción me atravesó: aguda, implacable y nada como había imaginado.
Su expresión pasó de la alarma a la determinación en un lati