Una mujer joven, delgada, pero nada fea, había subido al carruaje. Caden supo de inmediato que era la misma mujer; el olor barato de su perfume lo confirmaba. Caden abrió otro cigarrillo y le ofreció uno a su acompañante; la mujer sonrió.
—Observo que no me olvidaste —dijo la mujer mientras Caden le extendía su cipo para encender su cigarrillo.
—Siempre cumplo con mis promesas —la mujer se le acercó con deliberación y apoyó una de sus manos en el miembro de Caden.
—¿Te llevo a la gloria en es