♤ CAPÍTULO 3 ♤

Horas más tarde.

   Los invitados fueron llegando a la mansión de los Greenwood, todo estaba hermosamente decorado.

   —Hija, no vayas a hacer ninguna travesura que comprometa mi trabajo —le pidió Clara amarrando el lazo del único vestido decente que tenía, luego le cepillo el abundante cabello y lo recogió en una coleta sencilla.

   —Eres la niña más bella —susurró a su oído, luego le dio la vuelta y la besó en la frente —nunca lo olvides —agregó estrujando su nariz con la de Angelina.

   Ya en la cocina Clara le pidió a su hija que se quedara en un rincón sin estorbar, aquello estaría movido; la mansión estaba llena de aristócratas y un solo error causaría que cabezas rodaran, así que la presión era fuerte; Marie revisó minuciosamente los servicios, el orden y el tipo de comida con que iniciarían el banquete siguiendo las órdenes de los señores GreenwoodEl primero se dedicaba a la fruta y otros platos de temporada, luego se serviría el potaje, y tras este venían los «platos fuertes», que correspondían principalmente a las carnes, sazonadas con especias de origen exótico (el jengibre blanco, el azafrán, el comino o la pimienta) era otro elemento de distinción social. La escogida por Liza Greenwood para aquella velada era la carne de caza (ciervo, jabalí, perdices…), reservada justamente para los festines, dado que no se consumía a diario; luego venía la volatería de corral —capones, ocas, gallinas, incluso cisnes— y en tercer lugar las carnes rojas y consistentes (ternera, carnero). Los platos se sazonaban con salsas hechas de especias y zumos de frutas ácidas. En cuanto a la bebida, se servía vino, champaña, sidra o hidromiel.

   Todos los empleados usaban el uniforme de gala que era de color negro y delantal blanco inmaculado, Angelina pensó que, aunque su madre llevaba aquel uniforme tan frío y nada atractivo, no lograba opacar lo hermosa que era, y, a decir verdad, Clara era una mujer atractiva a sus 26 años de edad; era alta y esbelta, sus ojos eran de un color miel claro. Angelina reflexionaba, mientras la veía, que su madre nunca le habló de la muerte de su padre. La joven dejó sus pensamientos de lado al oír la hermosa melodía que se colaba en la cocina, se alejó del rincón donde su madre la había confinado y a hurtadillas se coló por la puerta. La muchacha quedó hipnotizada bajo aquella luz escarchada que emitían las hermosas lámparas de arañas que pendían de los techos sobre el inmaculado salón; no pudo evitar volver a soñar, su imaginación volaba como un cisne y al ver su vestido ella con el poder de su imaginación lo iba transformando en uno más hermoso que el de Alyssa. Su mirada se posaba en cada una de las damas invitadas, y de cómo aquellos trajes de amplias faldas giraban al son de la música.

   —¡Yo seré el patito feo que se convierte en un cisne! Ser diferente me hace única —se dijo a sí misma, para superar el ataque que había sufrido por parte de Alyssa Greenwood.

    Angelina continuaba bebiendo de la magia que le ofrecía aquel gran baile, pudo analizar que el mundo se dividía en demasiadas piezas, pero los fragmentos de aquella noche le parecían hermosos, como hermoso era su corazón roto por los misterios de la belleza; su mente era como grifo que seguía goteando lleno de preguntas, era como el perro que arañaba la puerta suplicando que lo dejasen entrar y Alyssa era el ruido de la ventana cuándo es azotado por la lluvia más infernal; el trueno que no la dejaba dormir por el temor que le causaba. Aquella joven de cabellos color oro, se había vuelto para ella en el frío que no se puede sacudir. Angelina trató de mitigar aquellos recuerdos y dio gracias a Dios y a su padre que la cuidaba desde el cielo que Alyssa y Caden no la habían visto, aquella noche su deseo de ser invisible se había cumplido.

   El sol mañanero había inundado con su luz todos los rincones de la mansión. Los dueños aún no se levantaban, pero la servidumbre ya había comenzado su faena desde temprano, los pisos ya volvían a ser limpios e inmaculados, el pan ya estaba en el horno y las maderas chasqueaban en las chimeneas dando calor a la gran casa.

   —¡Huele a gloria! —Dijo Gustavo al entrar a la cocina y oler la leche recién batida con miel que Marie, su madre, le ofrecía.

   —El patrón me ha pedido que saque al joven Caden para sus clases de equitación —le informó a Marie mientras tomaba un sorbo de su leche-

   —Madre, ¿no queda más pan de centeno? 

   —Si hay, ya te lo alcanzó —afirmó la mujer, seguidamente giró para picar otro trozo de pan, luego opino: —El joven Caden se ve más llevadero que su hermana- 

   —No puedo comparar madre, aún no he tratado a la señorita Alyssa.

   —Espero que no lo hagas —se introdujo Martina —¡Esa niña es una majadera!

   —El joven Caden es diferente —apoyó Angelina a Marie.

   —Aun así, no quiero que te acerques a él —intervino rápidamente Clara. Gustavo se tomó todo el contenido del plato y contempló a Angelina, luego a Clara.

   —Querida Clara, me temo que no será tan fácil, el joven Caden me ha pedido que Angelina esté presente en las clases-

   —¡Eso no puede ser!, los patrones se molestarán-

   —Se lo he prometido al chico y ni modo que rompa mis promesas-

   —Clara tiene razón —le apoyó Marie —Lord Greenwood no le parecerá que su primogénito se mezcle con la hija de la servidumbre.

   —Son, solamente niños. ¡Ustedes son unas exageradas!, es más para que se calmen, el chico me ha dicho que su padre le ha dado su consentimiento-

   —Quizás el padre sí, pero Lady Liza no lo creo, ella casi ni nos ve a la cara-

   —Hija, lo siento, pero tu lugar es aquí en la cocina… mi respuesta es no —Angelina sintió odiar a su madre por aquella negativa, luego se sintió culpable por experimentar aquel sentimiento tan pernicioso, suspiró y dejó que sus malos sentimientos se ahogaran en el mar negro de su egoísmo.

Minutos más tarde.

  

    Angelina en silencio ayudaba a su madre a lavar las verduras para la sopa. Lady Greenwood había contratado a un experto de cocina para que la complaciera en sus gustos culinarios más exigentes; el hombre estirado únicamente permitía que Marie, Martina y Clara cortara los ingredientes. La cocina, que había sido su refugio, ahora se volvía otro salón más donde debían tragarse sus opiniones personales por miedo a que Dimitri (el nuevo jefe de cocina) les fuera con el chisme a los patrones.

   —¡Niña, las verduras deben quedar impecables! —riñó el hombre regordete, mostrándole a Angelina una papa que ella había limpiado.

   —Disculpe señor Dimitri —la excusó Clara —Yo la corregiré-

   —Hágalo, porque no se puede perder tiempo, enséñela que este siempre será su lugar y por ende debe hacer sus labores bien. —Aquel recordatorio hirió a Clara, ella quería para su hija algo mejor que una cocina para limpiar, pero de nada servía lamentarse, el remedio a aquella desidia era continuar trabajando y ahorrar, así algún día podría abrir su taller de costura, talento oculto que muchos ignoraban en aquella casa y que se le daba muy bien. Clara, había nacido con ese don y sin que Angelina lo supiera, había comprado muchas telas con bordados bastante aceptables, soñaba con hacerle un guardarropa decente, muy dentro de ella sabía que su hija alcanzaría algo mejor de lo que la vida le había ofrecido a ella. Sus pensamientos se diluyeron cuando la voz jadeante de Caden irrumpió las labores de la cocina.

   —¡Angelina! —Exclamó —¿Qué haces en la cocina? ¡Te he estado esperando en los establos! —Angelina sonrío, entretanto Dimitri ya elevaba su rostro para investigar-

   —Joven Caden —dijo Clara en voz pausada —, mi hija ayuda en los quehaceres de la casa, sus padres se pueden molestar si la dejo ir con usted, es mejor que busque a su hermana para que sea su compañera de montar-

   —¡Tonterías! Mi padre está al tanto, y Alyssa es un ser insoportable que por toda llora —Clara quiso insistir en que no estaba bien, pero Dimitri se introdujo en la conversación—.

   —Clara, ¿piensa contradecir al hijo del dueño? Si Lord Greenwood lo ha aprobado, entonces su deber es obedecer y no refutar —Clara no dijo nada ante el comentario del hombre, y con su negatividad oculta no le quedó de otra que aceptar. Angelina se lavó rápido las manos mientras sus labios se curvaron en una gran sonrisa, antes de salir de la cocina su madre la llevó hacía ella, secó sus manos y le pidió que se comportara, seguidamente le acarició el rostro y se contempló en los ojos de su hija; no pudo reprimir el hecho de experimentar preocupación al ver cómo el joven Caden se había obsesionado con ella, suspiró y con pesar dejo a Angelina salir de la cocina.

   —¡Clara, ya dejé a su hija en paz! Y mejor concéntrese en el postre, ya mande a traer dos cestas de frutas de la estación y dos pirámides de pastelería ligera que irán en los extremos de la mesa, coloque bizcochos, confituras, compotas de fruta, almendras, pasas, higos secos y queso; deseo que los señores queden muy bien ante la visita de la madre de Lord Greenwood; Lady Jazmines tiene un paladar muy exigente y pienso complacerla, así que vaya puliendo también los platos pequeños, cuchara y tenedor de plata —las recomendaciones de Dimitri desaparecían en el aire, no llegaban a tocar los oídos de Clara que miraba a su hija mientras se perdía en los jardines traseros de la mansión.

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