Clara se armó de valor y tocó con decisión la puerta de su hija.
—Angelina, ¿podemos conversar? —el silencio respondía a su pregunta, la mujer volvió a insistir. —Hija, te ruego que me brindes la oportunidad de explicarte todo y defenderme —esta vez Angelina no ignoró a su madre y decidió abrirle. Clara se sintió incómoda cuando vio la expresión de su hija, se percibía que había llorado durante toda la madrugada.
—¡Oh cariño! Las cosas no son como las supones! —Angelina le dio la espalda sin