54. ASPIRAR A LA MANO DE UNA DAMA
La madre de la muchacha solloza inconsolable, aferrada al frágil cuerpo de su hija, mientras el padre permanece detrás, con los puños apretados y los ojos oscuros de impotencia. La señorita Rebeca trata de consolar a la mujer, susurrándole palabras tranquilizadoras mientras asegura que el médico no tardará.
—No creí que fuera posible volver a verla —murmura el hombre, con la voz rota por la emoción. Su mirada, húmeda y fija en la joven, lo delata—. Es la primera chica que regresa.
Lo observo co