55. DARLE EL APELLIDO ORTEGA
—Ayúdeme, señora. Recuerda que si caigo, usted cae conmigo.
—¿Te atreves a amenazarme? —pregunto, indignada, mientras mi voz busca mantener la calma frente a Polidoro.
—Nunca, señora. Pero tenga en cuenta que si ese hombre me delata con el patrón por lo de las muchachas, lo más seguro es que también hable de los otros asuntos... de esos animales. Y ahí sí, caemos los dos.
Siento un escalofrío recorrerme. Sabía que este momento llegaría, que debía cortar todo lazo con ese negocio tan pronto como