53. LAS HIJAS DE LOS TRABAJADORES
Observo a ese hombre hablando con Marta, y las lágrimas de impotencia resbalan por mis mejillas, ardientes y amargas. Se siguen viendo. Sigue siendo amantes, pese a que mi hermana juró, con ojos llenos de lágrimas, que todo había terminado entre ellos hace meses. Pero no puedo ignorar la verdad: la complicidad en sus gestos, esa cercanía que no deja espacio a dudas.
Aprieto con fuerza el libro que llevo en las manos, intentando sofocar el temblor que me recorre. Entonces él levanta la vista y n