116. RECHAZO Y DUELO
—Esa gente no entiende de razones. Parece que su único objetivo es declararme culpable —digo con disgusto a don Noé en cuanto salimos de la citación.
—Sabías que esto no sería fácil. No solo luchas contra la influencia de la señora Enola, sino también contra los celos de todo el pueblo.
Lo miro, sorprendido.
—¿Celos? ¿Por qué habrían de tenerme celos?
El hombre, con su barba salpicada de cañas, sube al carruaje y me observa en silencio, como esperando que yo mismo llegue a la respuesta. Pero al