115. ¿INSTINTO O VÍCTIMA DE UN HECHIZO?
Seis meses atrás, jamás me habría imaginado compartir una mesa en un bar con Juan Benedicto, pero aquí estamos. Tragos en mano, sentados en un rincón apartado, rodeados de una música de pésimo gusto y meseras de gestos coquetos que se aseguran de mantener nuestros vasos siempre llenos.
Tengo muchas cosas que debo hablar con él, pero quiero empezar por lo menos problemático entre nosotros. Sorprendentemente, ese tema es su renuncia a la vida sacerdotal.
— ¿Cómo tomó papá la noticia?
Juan sonríe