—Entonces… ¿está preso? —preguntó.
—Bueno, la última vez que lo vi estaba desmayado —aclaró Elliot mostrándole sus propios nudillos magullados—, pero sí, la policía se lo llevó, está preso.
Kali suspiró en silencio y se cubrió el rostro con las manos. Se notaba cansada y tensa.
—Pareciera que una