Tres años después
—Que es la «A», mi amor, mírala bien —decía Elliot, sentado con una paciencia que solo él creía infinita, intentando enseñarle las vocales a su hija.
—Pues a mí se me parece un a un «4» —dijo la niña cruzándose de brazos y arrugando el ceño.
—Ya sé, pero no es un «4» porque no t